Elisa decide dar tropiezo tras
tropiezo, imaginando que alguno de estos le conduzcan a él; mientras ella
tropieza lo invoca.
“Es real, tan real como que no puedo
alcanzar el cielo con sólo estirar la mano, tan cierto como que las matemáticas
nunca fueron mi materia favorita, tan tangible como la ropa que llevo sobre el
cuerpo; él es real, tan real que me cuesta aceptar que no es parte de mis
sueños. Seguro se encuentra por ahí, caminando de un lugar a otro, durmiendo
con las almohadas entre sus brazos o piernas. Seguramente llama por teléfono en
este momento, quizá, quizá esté pensando en mí ahora.
Él es real, tanto que incluso puedo
sentir sus labios sobre los míos aun cuando no esté junto a mí; seremos como
dos almas gemelas o dispares, pero seremos un alma, pues entre lo “igual” y lo
“diferente” no hay distancias importantes. Yo soy de las que piensa que la
compatibilidad se lleva en el corazón. ¿Que si me quedo? Me quedo. ¿Y si me
voy? Será con él. Es real, tanto como que puedo tapar el sol con un dedo
mientras cierro un ojo; tan real como que respiro el mismo aire que él y aún no
se da cuenta. Tan cierto como que él también se ríe de esta divertida verdad…
es tan real que se toma su tiempo para llegar a mí.
Todavía no le conozco y ya lo espero; aún
no me ha encontrado, pero no importa pues todavía tengo el tiempo para
esperarle. Mientras tanto sigo besando y aprendiendo de mis fallidos intentos,
él también lo hará. Es real, tan real como que lo invoco en mis pensamientos.”