Una sonrisa para cada día

Una sonrisa para cada día
Yo, mientras el mundo sigue

lunes, 25 de junio de 2012

Noche de lluvia

Noche de lluvia, noche tan fría, ojala el frio de la lluvia calara tanto mi alma como el dolor de aquellas palabras, más soportable seria aquel dolor. Noche de lluvia, noche tan triste; ojala mi cabeza estuviera fuera tan fría como esta noche, ojala la lluvia pudiese cubrir los huecos dentro de mi.
Que pesadez traes sobre mi, que pesadez me has hecho cargar esta noche, esta lluvia y su noche no ha sido nada más que el recordatorio de que en la lluvia mi reflejo. Lluvia que reconforta, lluvia que disimula, con sus gotas de agua disimulas mis lagrimas, cubres mi vergüenzas y las lavas.
Que noche la de hoy, que noche tan fría, tan triste...
Lluvia que reconforta, lluvia que disimula...
Anya

lunes, 11 de junio de 2012

El auto negro que jamás volvió, ella que siempre lo espero.


Una historia es una historia siempre… aun llegado el final de ella, siempre existe el recuerdo que hace que siga siendo todavía historia. Elisa se decía eso mientras estaba parada a mitad de la calle, mirando lo que seria un sendero de arboles a mitad de la noche, refugiando sus pensamientos en su cabeza, diciéndose a si misma que las historias reales no tenían un final; y mientras el oscuro cielo la veía con una tormenta furiosa, ella se contenía las lágrimas, pudiese ser que el auto negro regresara y entonces ella demostraría fortaleza ante su conductor, pero ilusa y tonta Elisa, aquel auto negro no regresaría aun con la tormenta en contra.

El juego a seguir de pie, esperando, a mitad de la calle, continuo a los cuarenta minutos, y la lluvia crecía y crecía, las luces de la calle se apagaron y el viento alborotaba sus cabellos, y la ansiedad por llorar, por gritar su nombre se hacia desgarradora y reclamaba ser liberada, pero ella se contenía, porque aquello significaría el final de la historia, aquel auto negro volvió y volvió una y otra vez dentro de su cabeza. “Elisa, para ya” la gritaba el cielo, y ella no quería escuchar… “Elisa, se acabó, es una historia ya” y ella se rehusaba a pensar en ello.

Después de una hora de pie, las lágrimas no pudieron seguirse ocultando, se confundieron con la lluvia sobre su rostro, a Elisa ya no le importaba la noche, la agonía; si tenia que rogar por su regreso, entonces rogaría, si le hubiesen dado la oportunidad de amar otra vez, ella amaría a la misma persona… y Elisa esta mal, Elisa se siente caer.

¿Dónde queda el orgullo, cuando lo que quieres es no perder? ¿Qué hay de los sabios que creyeron en el perdón y el amor juntos?

Elisa no es más que un bulto ahora en aquella calle, perdida en la inmensa noche, la luna y las estrellas son testigos de su espera. Aquel auto negro no regresaría… “Elisa, estúpida” le gritaba la tormenta sobre ella, “Elisa, ya déjalo, tu enfermedad es amar de más” y ella se mantenía de pies… y ella esta mal…

Una historia no dejar de ser una historia aunque tenga un final, una historia es siempre de quien la crea, esta es la historia de Elisa, con lágrimas, con tormenta y sin orgullo, esta seguirá siendo la historia de Elisa incluso cuando la supere.
Anya

lunes, 4 de junio de 2012

Elisa espera

Elisa decide dejar la cortina abierta de su venta, se sienta en la cama junto al celular, ella se encuentra atenta a cualquier sonido o destello que salga de él; le mira suplicante con ojos húmedos y pequeños. Falta solo una hora para las doces de la noche y se repite a si misma “va a llamar”; a Elisa le queda el consuelo de una hora antes de las doce, se acuesta, nuevamente junto al celular, atenta a cualquier sonido o destello proveniente de aquella cosa… sin darse cuenta aquel celular puede convertirse en los próximos minutos, en su fortuna o su castigo.

Elisa, pobre Elisa, siempre deseando todo aquello que no la desea.

Han pasado quince minutos, Elisa se pone en pie con los ojos húmedos y aun pequeños, mira por la ventana sin esperar ver a nadie, se siente fuera de lugar, este momento no lo había imagino así hacia unos meses. Elisa se cruza de brazos, su cabeza le dice que no debe esperar ya nada, pero su corazón desea aun esperar; no hay nadie a fuera, para los demás el día que esta por venir es un día cualquiera… “todos los días nace alguien más” suele pensar para convencerse de que es un día más.

Elisa, pobre Elisa, tan sensible siempre en la espera.

Faltan treinta minutos para los doce, treinta minutos para el termino del viejo día e inicio de el nuevo día; Elisa se encuentra con ella misma, pero ella misma no se reconoce, aquel espejo no tiene ni gota de compasión, no la hace ni más bella y ni más fea, la luce tan simple, demacrada e infeliz, aquel espejo debería permanecer tapado, pero no encuentra con que cubrirlo… Elisa cierra sus ojos ante el, pero ella misma en aquel espejo la sigue en su cabeza.

Elisa, pobre Elisa, no se ve ya como antes.

Falta solo un minuto para las doce, sus ojos húmedos y pequeños no se despegan del celular, intenta convencerse de que llamara y de la misma manera intenta convencerse de que no lo hará, así ya, por lo menos no tendrá que sorprenderse o decepcionarse. Aun un minuto antes de la doce, la espera, la agonía, y las lágrimas se hacen más pesadas, insoportable espera… este minuto se hace frío, este minuto se hace eterno. Elisa no despega los ojos del teléfono, Elisa no deja de llorar…

Elisa, pobre Elisa, culpándose y sintiendo el frío de un reloj que en cualquier momento anunciara la medianoche.

Anya