Una sonrisa para cada día

Una sonrisa para cada día
Yo, mientras el mundo sigue

lunes, 4 de junio de 2012

Elisa espera

Elisa decide dejar la cortina abierta de su venta, se sienta en la cama junto al celular, ella se encuentra atenta a cualquier sonido o destello que salga de él; le mira suplicante con ojos húmedos y pequeños. Falta solo una hora para las doces de la noche y se repite a si misma “va a llamar”; a Elisa le queda el consuelo de una hora antes de las doce, se acuesta, nuevamente junto al celular, atenta a cualquier sonido o destello proveniente de aquella cosa… sin darse cuenta aquel celular puede convertirse en los próximos minutos, en su fortuna o su castigo.

Elisa, pobre Elisa, siempre deseando todo aquello que no la desea.

Han pasado quince minutos, Elisa se pone en pie con los ojos húmedos y aun pequeños, mira por la ventana sin esperar ver a nadie, se siente fuera de lugar, este momento no lo había imagino así hacia unos meses. Elisa se cruza de brazos, su cabeza le dice que no debe esperar ya nada, pero su corazón desea aun esperar; no hay nadie a fuera, para los demás el día que esta por venir es un día cualquiera… “todos los días nace alguien más” suele pensar para convencerse de que es un día más.

Elisa, pobre Elisa, tan sensible siempre en la espera.

Faltan treinta minutos para los doce, treinta minutos para el termino del viejo día e inicio de el nuevo día; Elisa se encuentra con ella misma, pero ella misma no se reconoce, aquel espejo no tiene ni gota de compasión, no la hace ni más bella y ni más fea, la luce tan simple, demacrada e infeliz, aquel espejo debería permanecer tapado, pero no encuentra con que cubrirlo… Elisa cierra sus ojos ante el, pero ella misma en aquel espejo la sigue en su cabeza.

Elisa, pobre Elisa, no se ve ya como antes.

Falta solo un minuto para las doce, sus ojos húmedos y pequeños no se despegan del celular, intenta convencerse de que llamara y de la misma manera intenta convencerse de que no lo hará, así ya, por lo menos no tendrá que sorprenderse o decepcionarse. Aun un minuto antes de la doce, la espera, la agonía, y las lágrimas se hacen más pesadas, insoportable espera… este minuto se hace frío, este minuto se hace eterno. Elisa no despega los ojos del teléfono, Elisa no deja de llorar…

Elisa, pobre Elisa, culpándose y sintiendo el frío de un reloj que en cualquier momento anunciara la medianoche.

Anya


No hay comentarios:

Publicar un comentario