Las maldiciones no son maldiciones sino se dicen en voz alta, quizás debamos maldecir más seguido, a veces es terapia y en ocasiones es problema; pero ¿Cuántas veces te has quedado callada o callado y aun así sigue significando un problema? La clave puede que esté en que la gente no te permite maldecir, pero hacerlo aun así se convierte en una forma de libertad.
No es que sea del diablo ni nada por el estilo, estoy completamente en desacuerdo con esa idea, porque ni siquiera proviene de él, proviene de uno mismo y si por eso piensan que somos el diablo pues entonces tal vez la mayoría lo es, quienes no hayan maldecido alguna vez entonces poco ha vivido y mucho debió sufrir. Maldecir no es algo que sea opcional, o eso pienso yo, tal vez me equivoque, pero en los pocos o muchos años que tengo de vida la verdad es que las maldiciones se me han salido y no es porque yo haya querido.
Maldecir quizás sea la forma más corta de expresar nuestro enojo; y cuando aceptas y comprendes tu enojo entonces piensas en la forma de hacer que pase, maldiciendo tal vez comprenda más rápido mi enojo y piense más rápido en soluciones... pero mientras tanto ya abre abierto mi bocota y entonces ya valió la pena ir un poco en contra de las ideas de la gente; así que sí, sigo pensando que las maldiciones no son maldiciones sino se dicen en voz alta, pero cuidado, eso no significa que lo haré frente a la personas con quien estoy molesta, porque la verdad eso para mí es algo muy personal y se trata de liberarse y no de herir.
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