Una sonrisa para cada día

Una sonrisa para cada día
Yo, mientras el mundo sigue

domingo, 26 de agosto de 2012

Dentro y fuera del espejo


Elisa se había quedado frente al espejo todo el día, sabia que en cualquier momento que moverse de ahí, pero las razones no eran suficientes para nadie y mucho menos para ella. Ahí, parada frente al espejo ya no se sentía tan sola, pues estaba ante su propia compañía; Elisa se miraba y entonces, mientras más tiempo pasaba, ella más veía su rostro cambiar, y ella no lo quería aceptar, ella no quería aceptar que su vida podría ser otra, que en cuestión de segundos su vida, sus planes, y toda su felicidad podían desaparecer, así nada mas, sin más oportunidad.

Su rostro, no tenía ni una gota de maquillaje; ningún tipo de maquillaje quitaría ese rostro y ese dolor reflejado. Elisa no quería moverse, ella no quería dejar de verse, dejar de verla a ella, su compañera; mientras más transcurría el tiempo, ella más se preguntaba ¿Cómo alguien podía sentir tanto dolor y aun así, seguir viva? Aquel espejo, era el recuerdo de que seguía de pie, pero lo que ella sentía, ahí, era el dolor de no poder volver atrás, de no poder arreglar las cosas; a ella le dolía, pensarse, saberse, fuera de la vida de alguien más.

Elisa se quedo de pie frente al espejo todo el día, la noche llego y con ella, llego también, el recuerdo de que nada había sido una pesadilla; Elisa no cerraba los ojos, ella no quería, ella necesitaba mantenerse despierta, porque así, ya no se sentía tan sola, el dolor no la tomaría por sorpresa al despertar. Elisa, ella se pregunta ¿Cómo alguien podía sentir tanto dolor y aun así, seguir viva? Pero para el final del día, ella ya sabía la respuesta; ya no había diferencia, la Elisa real y el reflejo en el espejo no dejaban que ni una ni la otra se fuera, ninguna podía existir sin la otra; Elisa era la misma, dentro y fuera del espejo.

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