La niña despierta y siente la necesidad de mirar por la ventana,
ella no sabe exactamente que es lo que vera; imagina caramelos colgando de los
arboles, animales saliendo de sus escondites, imagina una lluvia de estrellas jamás
capturada por sus ojos, cree que la noche tendría sorpresas para ella a las
tres de la madruga.
“La hora exacta en que las estrellas se ven más en el cielo”
piensa la niña; y al mirar afuera, desde su ventana, que esta pegada a su cama,
y que da justo hacia el camino recorrido por muchos a cualquier hora del día; ella
se encuentra con la sorpresa más grande de todas, con asombro y algo más que
felicidad; ella se encuentra con el ruido del silencio, con la calma del viento
y con el latido de su propio aliento; descubre que las estrellas lucen mejor en
el silencio a esa hora, porque esa es la hora en que las personas podrían tener
tiempo de mirar al cielo.
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