Una sonrisa para cada día

Una sonrisa para cada día
Yo, mientras el mundo sigue

viernes, 26 de octubre de 2012

Él, la constante vida.

Un hombre mira de re ojo las manecillas de un reloj viejo y gastado, el tic- tac le molesta más que la espera, le impacienta la llegada de aquella niña, que solo tiene ojos para él. Ese hombre se mantiene de pie junto a la puerta, protegiendo, cuidando, alzando los ojos al cielo, si es necesaria una oración; un hombre que no tiene la edad más que en los ojos, ese hombre que abraza con el corazón, aquel hombre de mal genio ante el tic-tac del reloj, de carácter fuerte, de sonrisas compartidas y de palabras fuertes.
Un hombre mira de re ojo las manecillas de un reloj viejo y gastado, el hombre espera por la niña que ha dejado de serlo, pero quien siempre ha sido suya… ese hombre ama como nadie, y ella lo ama con su vida; y la espera se hace larga, y él se mantiene y los mantiene. Quien tenga la suerte de tenerlo de frente, podrá verle el orgullo de ser quien es, las arrugas que lo llaman por su nombre, fuerte y sin remedio.
Aquel hombre da un suspiro, traga saliva y se deja caer en el sillón, su pequeña esta cruzando la puerta de la casa; ese hombre no es de piedra, ese hombre es más humano que un puñado de religiosos, ese hombre sabe perdonar. El tic-tac de las manecillas del reloj ya no le estorban, la impaciencia se vuelve calma y la noche puede tomar el tiempo que desee; pues ella ha llegado a casa, pues él ya puede protegerla. La abraza y le besa la frente… y con un “Te amo” le da las buenas noche, pues él, el hombre más humano que ella ha visto en su vida, teme no despertar, y ella, que solo le teme a su vida sin él, le responde “te amo, papá”.

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